Un pezzo di terra come regalo di laurea! - Etnaly-shop

¡Un trozo de tierra como regalo de graduación!

Publicado por Luciana Matarese en el Huffpost el 17/01/2020

La mirada puesta en el futuro y los pies bien plantados en la tierra, en su propia tierra. El sueño de Roberto Carbone cabe en tres mil quinientos metros cuadrados, menos de una hectárea, y huele a romero, menta, azafrán. Y al resto de las hierbas aromáticas cultivadas en el terreno que le regalaron por su graduación. Fue él, que nació y vive en Catania y que en poco más de un mes cumplirá 25 años, quien lo pidió. Roberto es uno de los jóvenes italianos menores de 40 años -según un análisis de Coldiretti de hace un año, cerca de 22.000 habían presentado solicitud para el establecimiento agrícola en el sur de Italia- que ha elegido lo que en estos años se ha definido como “el retorno a la tierra”. Es decir, construir su propio futuro apostando por un sector, la agricultura, asociado al pasado pero que es, como sostiene Coldiretti, “un sector clave para la recuperación económica, el empleo y la sostenibilidad ambiental, sobre todo en el Mezzogiorno, donde mayor es la necesidad de empleo y más elevados son los índices de fuga de jóvenes, como demuestra el análisis de Svimez sobre la emigración que supera a la inmigración en el Sur”. Roberto, matriculado en el segundo año del máster, ha elegido quedarse en Sicilia y está dando sus primeros pasos como emprendedor agrícola.

“Cuando, en marzo de 2018, papá y mamá me preguntaron qué quería como regalo por la licenciatura en Ciencias y Tecnologías Alimentarias -cuenta al HuffPost-, pedí, consciente de la petición y de que les costaría un gran sacrificio, un pedacito de tierra para iniciar una actividad en la agricultura”. Y no en un lugar cualquiera, sino en Catania, a las faldas del Etna, “una realidad, una marca hoy reconocida a nivel internacional”. Precisamente en el Parque del Etna, en Trecastagni, un pequeño pueblo a veinte minutos de su casa, está el terreno que eligió y donde, tras haber construido la valla e instalado las tuberías de riego, plantó orégano, guindillas, menta, helicriso, romero, salvia, tomillo, lavanda, además de azafrán, el “crocus sativus” protagonista de más de un año de estudios y de su tesis de graduación. “Inicialmente pensaba cultivar solo azafrán, pero luego decidí no apostar por un monocultivo, puede ser arriesgado, y variar”, precisa Roberto, que con su actividad pretende unir idealmente pasado y futuro, tradición e innovación, raíces y alas. Conjugando la vivencia y la historia de su familia -su abuelo cultivaba la tierra en una parcela que luego se vendió- con sus aspiraciones actuales y sus proyectos futuros basados en la puesta en valor de la cultura y de las especialidades del territorio.

También “Sari”, el nombre que eligió para la pequeña empresa creada hace poco más de un año, es un tributo a su tierra. “Con este término, el fraile dominico Tommaso Fazello, fascinado por la belleza de los parajes del Etna, en las descripciones de la Catania del siglo XVI, define a las piedras de lava”, explica. De las plantas cultivadas en su terreno, secadas, trituradas y envasadas en un local alquilado también en Trecastagni -él lo define como “una tienda de transformación agroherbolaria”-, Roberto obtiene aromas para condimentar carne y pescado y para dar sabor a mermeladas de frutas típicas del territorio etneo, como la pera coscia o la manzana cola, la más extendida entre las cuatro de las dieciocho variedades originales de manzanas cultivadas en las laderas del volcán siciliano.

En el laboratorio “Sari” todavía hay poca maquinaria, se trabaja principalmente a mano y en verano, cuando la carga se hace más pesada, incluso mamá Marisa, profesora de latín y griego, y papá Cosimo, contable, se remangan las camisas para ayudar. Quien diseñó el logotipo de la empresa y las modalidades de empaquetado y presentación de los productos, el llamado “packaging”, fue Aurelio Viva, diseñador gráfico, también de Catania. “Un amigo que lamentablemente pronto se irá por trabajo”, suspira Roberto, que no oculta su propósito de involucrar a otros jóvenes en la empresa. Desde hace algún tiempo, por ejemplo, está en contacto con un chico que trabaja en la FAO, la organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura. “Habla cuatro idiomas, me gustaría confiarle toda la parte relativa a la comunicación y las campañas publicitarias, especialmente las dirigidas al extranjero”, dice en un suspiro. Entre los objetivos del empresario agrícola, que recientemente ha iniciado también el comercio electrónico y para Pascua querría lanzar el nuevo packaging para las especias -“con envases completamente ecosostenibles, algo que en el mercado aún no existe”- está también el de dar a conocer sus propios productos en el extranjero. Y, además, mantener para sí la gestión de “Sari”, sectorizando las diversas ramas de la actividad para confiar cada una a un joven profesional, “seleccionado sobre la base de las referencias en su currículo”. Talento, estudio, mérito, compromiso y actualización continua sirven también para relanzar la agricultura, “que ya no es la de nuestros abuelos -razona Roberto-, hoy no es pensable cultivar en el campo productos para ir a venderlos al mercado. El consumidor es más culto y no se puede improvisar. Hay que estudiar, estar preparado a nivel agronómico, conocer los cultivos, también en relación con el cambio climático”.

Palabras que evocan el “Fridays for Future”, los temas del movimiento estudiantil nacido del activismo de Greta Thunberg contra la indiferencia de la política hacia la crisis ambiental. “Yo soy del 95, la mía es la generación de internet velocísimo, crecida con teléfonos móviles en la mano -dice Roberto-; personalmente, mirando también a muchos de mis coetáneos, noto cierta gana de evadirme de este sistema informático, registro una “tendencia al contrario”, hacia la tierra, la naturaleza”. Una tendencia que él encarna, lo sabe. Se ha quedado aquí, donde quiere que nazcan y crezcan sus hijos, “aunque para formar una familia se necesita una estabilidad que ahora no tengo”, dice. Y un instante después: “Es la elección más acertada, quedarse para hacer empresa en esta tierra que tiene tradiciones histórico-culturales únicas y un patrimonio enogastronómico vastísimo, lo digo con la conciencia de que no es sencillo, por muchos motivos”. El joven empresario cita la burocracia, “que no ayuda”, y luego relata “un hecho extraño: tenía el banner publicitario expuesto y lo encontré cortado. Quién sabe si no fue una maldad”. Es imposible no hacer referencia, al hablar de empresa y desarrollo en Sicilia -pero no es una cuestión solo siciliana-, a la presencia de la mafia. Roberto lo ha pensado, “por si acaso tuvieran que venir a “tuppuliari” (llamar a la puerta, ndr), no quiero tener miedo, la mafia se combate con la cultura y nosotros, los jóvenes, debemos evitar que estas realidades echen raíces. No he tenido experiencias de ese tipo y los problemas los afronto cuando se presentan, pero pienso que si ocurre, hay que denunciar, confiar en las instituciones. Si existen, deben también funcionar”.

Pero cuando tardan en intervenir, hay que prepararse para actuar: en julio, con el círculo de “Legambiente” de Catania y 150 voluntarios, organizó una jornada para limpiar de residuos el bosque de Trecastagni -“lamentablemente la zona del Etna está llena de micro vertederos ilegales y las instituciones no consiguen mantenerla limpia. Como en todas las cosas, para obtener resultados es necesario hacer red”. Una regla que funciona también en el frente laboral. “En octubre, en la empresa, agrupé a doce productores sicilianos menores de 30 años. Juntos se consigue crear el cambio. No soy el único loco que se ha quedado y que aquí quiere hacer crecer su actividad”, explica Roberto, y se entiende que su sueño aún no se ha realizado del todo. Ahora está trabajando para iniciar la colaboración con un colega que pondrá a su disposición sus propios terrenos -“me hará de proveedor oficial”- y quién sabe si no podrá empezar a cultivar la vid para producir también vino. “Siempre ha sido uno de mis objetivos, tengo un recuerdo muy bonito de la vendimia en el terreno de mi abuelo, pero para hacerlo se necesita una disponibilidad económica que ahora me falta -añade-. Pero lo de las plantas aromáticas no es un plan B, el sector está en crecimiento, estoy convencido de mi elección y, además, empezar con poco es aconsejable, se entienden mejor los pasos a dar poco a poco”. Entre los próximos, para Roberto, está el máster. “Antes de este año quiero terminar -zanja-. Conciliar estudio y empresa será duro, pero espero resultados más importantes de los obtenidos hasta ahora para llevar adelante mi proyecto”. Siempre con la mirada puesta en el futuro y los pies bien plantados en su tierra.

Artículo completo:

Roberto, 24 años, brazos donados a la agricultura: "Así me quedo en Sicilia" | HuffPost Italia Life (huffingtonpost.it)

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